Elena Moratalla Moratalla

Escritora nacida en Madrid, de padres manchegos y profesora de Ciencias Humanas. Ha participado en el origen y desarrollo de grupos literarios como Tintaviva y la Tertulia Poekas, dedicados a la divulgación poética en Madrid, así como en proyectos solidarios orientados a acercar la poesía a todo tipo de colectivos, escuelas, institutos, asociaciones vecinales, centros culturales y personas mayores en centros y residencias.


Entre estos proyectos destacan Para que no te olvides del poema, nombre que define también su propósito, galardonado por la Fundación Telefónica, y Un poema te llama, surgido en tiempos de pandemia.


Su obra ha sido publicada en diferentes antologías y traducida al árabe y al portugués en la Antología Ibérica da Poesía e do Conto. Sus cuentos cortos fueron incluidos en el libro Relatos. La poesía es su género predilecto, y cuenta con dos poemarios publicados: Intimidad de cristal y Con rumbo al alba. 

También ha dirigido la colección de poesía Tertulia Poekas, con trece volúmenes publicados por la Editorial Lastura. 


Actualmente dirige y coordina actividades en el medio rural donde reside: un tardeo poético en la biblioteca municipal del que ha nacido el grupo Poético PicaPoetas; el programa de poesía por las ondas PicaPoemas; la iniciativa Abuelena, cuentacuentos y poemas para los más pequeños y los festivales de poesía Picazo Otoño Verso, donde se reúnen numerosos poetas de distintos lugares de España a orillas del río Júcar, en El Picazo de Cuenca.


Hay una forma de eternidad que hoy reconocemos con más claridad: la que se sostiene en la memoria de quienes amaron al que se fue, y que el poeta tiene la obligación de custodiar con sus versos. Jorge Manrique así lo hizo en sus Coplas a la muerte de su padre y ahora Elena Moratalla, en su Macollas. Latidos de patio, escribe unas coplas a la vida de sus padres, que es el mismo gesto visto desde el otro lado: no el hijo que llora la muerte, sino la hija que afirma la vida, que rescata no el momento de la pérdida, sino todo lo que la precedió y todo lo que sobrevive a ella, porque hay en su poesía de duelo una estructura semejante a la de Manrique, aunque escrita en la lengua de nuestro tiempo: la pérdida no vacía, sino que transforma; la ausencia no borra, sino que deposita algo más permanente que la presencia física.



...el resto de su amor camina con mis pasos,

se ha quedado a vivir en mis rutinas

y por mi mano evoca sus vivencias.



Ese resto del amor, como escribe en uno de los momentos más luminosos del libro, no se va con el cuerpo, sino que emigra a los gestos de quienes quedaron y sigue viviendo en ellos sin pedirles permiso.


Pedro José Morillas Rosa


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